Hace varios años venimos experimentando en la finca el intercambio de saberes a través del mecanismo de voluntariado. Viajeros curiosos, buscadores de algo, pasan un tiempo en la finca y la integran.
Todos nos enriquecemos, todos nos alimentamos. Los trabajos en la huerta, las construcciones de espacios y objetos, el cuidado de los animales, la limpieza de las acequias para que el agua pueda pasar más fluidamente y podamos regar con más facilidad, las cosechas, las comidas y todo, todo lo que hacemos en la finca es compartido en un trabajo comunitario.
Estamos contentos porque la finca está más linda, gracias a la ayuda de los nuevos amigos viajeros. Es muy gratificante compartir este espacio para que más podamos meditar; reflexionar; descansar; tomar sol; dormir la siesta; tomar vino, agua y decisiones; comer ricas comidas; aprender y hacer trabajos manuales; proyectar; charlar; mirar la luna y el atardecer; pensar en los amores que están lejos; conocer nuevos amores; escribir cartas en papel; cosechar y pisar uvas; cosechar duraznos, ciruelas, tomates, lechuga, trigo y centeno, ajo y cebollas, semillas y lo que la Pacha nos ofrezca a todos en el momento que sea.
Muy agradecida por siempre, estará La Rosendo.